
Con Calderón, estamos fritos
Domingo, 30 Noviembre, 2008
Domingo, 30 Noviembre, 2008
Parece increíble pero desde la mismísima Presidencia de la República se han ligado, durante dos semanas consecutivas, graves dislates en cuanto a la conducción de la política de seguridad pública y al diagnóstico de la situación de los cuerpos policiacos a escala nacional ante la amenaza del crimen organizado.
De nueva cuenta es el Presidente el que se resbala; ahora Felipe Calderón afirmó que 49 por ciento de los policías mexicanos, a niveles municipal, estatal y federal, “no son recomendables”. Pero no sólo eso; además, en su evaluación enviada a los diputados con motivo del análisis de su Informe de gobierno establece una suerte de ranking sobre las mejores y peores policías del país.
Hasta ahí todo parece que iba bien, pero resulta que la información enviada por el presidente del Congreso fue de inmediato impugnada por varios gobernadores, ya que no coincidía con distintos diagnósticos y evaluaciones independientes y oficiales.
Podría decirse que la reacción era natural, pero ante la contundencia de los argumentos y las pruebas esgrimidas por los gobiernos estatales, de plano el gobierno federal se tuvo que desdecir.
De todo estos casos, el ejemplo más emblemático de la puya presidencial es el de Coahuila, que en su análisis está ubicado como el estado con la peor policía del país; sin embargo, de inmediato tanto el gobernador Humberto Moreira como el subprocurador desmintieron la información y presentaron las mediciones del Instituto de Estudios sobre Seguridad Pública, que dirige Luis de la Barreda Solórzano, en las que Coahuila aparece como el estado con la cuarta mejor policía del país.
Resulta que ante el reclamo el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, tuvo que salir a dar la cara para decir que, en efecto, había un error, pues las encuestas sobre el desempeño policiaco se habían realizado en unos cuantos ayuntamientos y las reprobadas eran corporaciones municipales.
Los resbalones de Los Pinos son por demás terroríficos, ya que dirigen nuestro temor hacia la ineficiencia e ineficacia del gobierno que combate a las bandas de narcotraficantes y nos hacen sentir indefensos ante el poderío del crimen organizado, porque si ni siquiera saben cómo están las policías, menos cómo hacerle para acabar con los capos.nestor.ojeda@milenio.com
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