viernes, 26 de diciembre de 2008

Navidad en la selva tropical

Por Jane de la Selva
Navidad en la selva tropical

Aquí en nuestro pueblo enclavado en la sierra costera, la víspera de la Navidad se alistan los más atrevidos para ir de cacería entre la espesa maleza, o de pesca los pangueros, para obtener la cena. Un jabalí, un armadillo o hasta un tejón, que embarrados con chile ajo y sal, cuecen a fuego lento en un brasero montado en piedras, alimentado de troncos secos de la selva. No pueden considerar a las especies protegidas, lo primero es conseguir algo grande para de ahí alimentar al familión.
Algunos suertudos pescadores surcarán la costa quizá enganchando un buen dorado o un pargo que luego asarán al estilo zarandeado, abierto y prensado, también a la leña aromática de por acá.
Aquí, no hay tiendas de autoservicio, mucha gente ni las conoce. Si las hubiera cerca nadie se animaría a pisarlas, no hay dinero. Sólo podrán adquirir en el tianguis caminero alguna chuchería con el afán de robarles una media sonrisa no muy convincente a los pequeños, pues sus ficticias ilusiones se reducirán al obsequio plástico contaminante, para luego dejarlo a un lado pasada la decepción del entretenimiento. Mejor ir a correr o a mataperrear por ahí con los demás niños desencantados, pero divertidos y emocionados con la llegada de los primos que vuelven del “otro lado”, que siempre llegan los “gringuitos” renegados, para las fiestas. Ignoran que esta vez no habrá retorno.
La empobrecida Nochebuena flota en las pocas calles empolvadas perennemente en reconstrucción. Los foquitos e imágenes festivas parpadeando entre cables eléctricos que cuelgan enmadejados entre los postes y los muros dispares de estridente colorido a medio terminar. También se vive la noche entre el escándalo surgiendo de las parcelas que no pertenecen a los testigos de Jehová, donde los adultos beben cerveza y raicilla, y se congratulan con la embriaguez de sus penurias.
Ya no hay católicos, porque desde que el padre Pepe huyó con Almita, dilapidaron, cerraron y abandonaron enfurecidos la capillita de la plaza, cayendo el pueblo en una etapa de perdición, de “Sodoma y Gomorra”, hasta que poco después se fueron colando los cristianos volviéndolos a enganchar al devolverles la fe perdida. El año pasado por medio de una “donación” construyeron en las inmediaciones su lujoso templo.
Muy cerca del pueblo, desde un conocido “Centro Botanero” sobre la carretera estatal que se interna sierra adentro, la música de banda emana bulliciosa desde la obscuridad del bule. El mismo, donde a principio de año, cuentan que ahorcaron a una muchacha de catorce años que era foránea. Nada más se supo. Sólo que desde ese día y por un corto lapso, se acordonó y cerró el lugar, para luego volver a abrir normalmente. Suele tener mucha clientela, pues dicen que se sirve el mejor marisco de la zona.
Afuera estacionados, se miran dos Jeep polarizados, una flamante Ford Lobo, algunas patrullas de la federal de caminos y otras pick-ups con hombres armados dormitando en su interior. Organizaron una buena pachanga donde aquí sí, como es natural, parecía haber una ya conocida abundancia. Alguien dijo que llegaron el mismo día 24 en la tarde por la costa. Los vieron desembarcar y subirse a las camionetas con varias mujeres. También ellos, se sienten merecedores de su Narconavidad, de su día de asueto. De la cura de la cruda y descanso después del reventón en el trópico, por qué no, si son los meros amos de por acá.
Mientras los retenes militares proliferan peligrosamente en las redes carreteras de nuestro país, los ciudadanos expuestos a sus arbitrariedades o hasta la muerte y sin ningún resultado positivo documentado, el narcotráfico navega sin problemas ni obstáculos por nuestros litorales, yendo y viniendo con sus valiosas cargas.
La vigilancia de la marina militar en nuestros mares es nula, siendo que es por los océanos que todo se mueve sin restricciones. ¿Será porque la luz verde marítima está pactada, o porque estarán esperando los recursos del Plan Mérida junto con la intervención de los marinos estadounidenses para ellos ya no desgastarse?
La tregua navideña del crimen organizado ha sido la gran noticia: ¡¡36 horas sin muertitos!!
Y aquí en la región serrana tropical, parece que no será la excepción. Feliz Navidad.

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