Capirucho
Víctor Hernández
senderodelpeje@toliro.cjb.net
Farsas contra el pueblo
Muchas cosas no cuadran de los atentados que
ocurrieron en Morelia el 15 de septiembre pasado.
Para empezar, fue un ataque contra la población
civil, no entre bandas de narcos ni contra el Ejército
y la policía.
El narco no se mete con la población civil por el
simple hecho de que la población civil es su cliente,
no su rival.
Más extraño aún; Felipe Calderón declara que se
trata de un atentado “contra el Estado”. Pero resulta
que el ataque, como dijimos, no fue contra representantes
del Estado -es decir, del gobierno-, sino contra
la población civil. Y además en un estado gobernado
por el PRD con gente que NO es afín al PAN.
Y peor: que el Ejército solicite la ayuda de la población
para esclarecer este horrible crimen. Uno
se pregunta: ¿qué no ese es el trabajo del Ejército?
¿Defender a la población civil? ¿Entonces por qué
pretenden que sea la población civil la que haga el
trabajo por ellos?
Ahora hagamos una pausa para considerar lo siguiente:
en el excelente reporte que hicieron Morfo y
Bilhá Calderón sobre el acarreo que hizo nuevamente
el gobierno panista para rellenar el Zócalo el 15 de
septiembre, quedó evidenciado que la PFP quitó los
retenes con detectores de metales para permitir la
entrada irrestricta al Zócalo a partir de las 10:00 de la
noche, que fue cuando se vació la plaza al retirarse
los seguidores de AMLO. ¿Por qué se usaron detectores
de metales solamente hasta las 10:00 de la noche,
cuando Calderón no iba a estar en Palacio Nacional,
pero se retiraron después de las 10:00, cuando sí iba
a estar?
Sencillo: a partir de las 10:00 de la noche el PAN
tenía solamente una hora para rellenar la plaza, que
se había vaciado. Y de haber usado las revisiones y
los detectores, simple y sencillamente los acarreados
no hubieran podido llegar a tiempo.
Lo que ocurrió en el Zócalo fue una farsa en la que
se trató al pueblo como vil delincuente, pero se le dio
la completa confianza a los acarreados del PAN. Y en
Morelia se hizo un atentado contra el pueblo con el
cual Felipe Calderón pretendió lucrar políticamente.
Farsa en el Grito y farsa en el supuesto interés de Calderón
en detener a la inseguridad. Lo que único que
le importó en ambos casos fue tratar de legitimarse.
Sólo por eso se debe revocar el mandato.
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